#3: La épica bienvenida de tu mascota
Abres la puerta y, ¡boom!, una explosión de emoción. La cola se mueve a la velocidad de la luz, corre de un lado a otro o se tira dramáticamente para que le frotes la barriga. Es un subidón de autoestima total: alguien cree que eres lo mejor que ha habido desde las golosinas. Sin juicios, solo pura euforia incondicional.
Incluso en los días malos, ese peludo comité de bienvenida te recuerda que eres amado tal como eres. Los humanos podrían aprender una o dos cosas. ¿Quién necesita terapia cuando tienes una mascota haciendo el baile de “¡has vuelto a casa!” cada vez?