Recién llegados inconscientes

A medida que el polvo comenzaba a asentarse, nuevos vehículos llegaron a la estación, ajenos al drama que acababa de desarrollarse. Aparcaron en los surtidores, ocupándose de sus asuntos, llenando sus tanques y charlando entre ellos como si nada extraordinario hubiera sucedido momentos antes. Eran como personas que llegan al final de un espectáculo, sin darse cuenta de la tensión y el poder silencioso que se habían perdido.
La gasolinera, antes llena de una carga eléctrica de anticipación, ahora volvía a su ritmo habitual. Lo ordinario tomó el control una vez más, y lo extraordinario se deslizó de nuevo al fondo. La vida había vuelto a su zumbido habitual, dejando solo los ecos más débiles de la intensidad que había dominado el momento. El mundo continuó, como siempre lo hace, con algunos momentos que nunca son notados por aquellos que no estuvieron allí para presenciarlos.