#11: Tokio
Advertisements

La primera vez que salí del metro en Shibuya, el cruce me engulló por completo: miles de personas moviéndose en un desorden perfecto bajo el resplandeciente neón de los kanji, como si la ciudad tuviera su propio latido.

Advertisements

La vida aquí es una hermosa contradicción: trenes tan puntuales que podrías ajustar tu reloj con ellos, sin embargo, las noches se alargan en izakayas llenos de humo donde los asalariados se desatan la corbata y brindan con extraños. La tranquila precisión de los rituales diarios se encuentra con un caos salvaje y colorido, y de alguna manera todo se siente profundamente reconfortante.

Advertisements