#18: Reikiavik
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Reikiavik se sintió como aterrizar en otro planeta: casas bajas y coloridas contra una lava negra y árida, vapor elevándose de las aceras y el vasto cielo prometiendo auroras boreales.

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Pozas termales públicas bajo las estrellas, sopa de cordero en cafés azotados por el viento, lugareños charlando sobre el clima y las sagas como viejos amigos que se ponen al día.

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