El frenesí cafetero de Honoré de Balzac

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El novelista francés Honoré de Balzac es famoso por sus maratonianas sesiones de escritura de 90 páginas, impulsadas por una dosis industrial de cafeína: hasta 50 tazas de café turco al día. Afirmaba que el café “ahuyenta el cansancio” y “enciende destellos rebeldes de espíritu”, pero a menudo se saltaba la taza por completo, mascando directamente los granos de café para un chute más rápido.

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El resultado fue una productividad febril: Balzac publicó más de 90 novelas, pero sufrió calambres estomacales paralizantes y palpitaciones cardíacas aterradoras. Bromeaba con vibrar por las calles de París, pero sus colegas lo describían como “perpetuamente con los ojos muy abiertos y sudando”. Cuando los médicos le rogaron que bajara el ritmo, se bebió otra cafetera y escribió un ensayo alabando el “poderío” del café. El legado nervioso de Balzac advierte a los que se esfuerzan hoy en día que hay una fina línea entre la cultura del esfuerzo y el literal machaque de tus entrañas.

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